Antes de una dieta, mira las rutas de tu mapa
No es secreto que nuestro cerebro posee plasticidad; de ello habla, entre muchos otros, Joe Dispenza en sus libros. La mente no tiene circuitos cerrados, sino que es una carretera que siempre está en construcción. Hay autopistas bien cimentadas por las que el recorrido es rápido, en automático. Estas autopistas son muy transitadas y representan las acciones que realizas sin pensar, de forma mecánica. De ellas nacen carreteras nacionales y hasta locales, mucho menos utilizadas. También dispones de vías en desuso por las que solías circular y que ya no utilizas, al pensar y realizar tus quehaceres desde otro lugar o de otra manera.
En estos días que estoy más ociosa, entré a TikTok —red social de la que estaba bastante desconectada— y vi un video de una famosa que me costó reconocer. El motivo era el gran cambio físico que mostraba. Siendo una defensora de su cuerpo curvilíneo, aparecía mucho más delgada. En los comentarios, a los que no pude evitar entrar, le acusaban de tomar Ozempic, y ella se defendió de ello en otro video. Su transformación no me genera ninguna opinión al respecto; el físico obedece a la mente. Lo relevante aquí es desde dónde se realiza el cambio y cuál fue el detonante que gestó la decisión de adelgazar tanto.
Ya que todo se crea en la mente y se expresa inevitablemente en el cuerpo, es necesario reflexionar y valorar qué pensamientos tenemos y de qué sentir proceden.
La obsesión de nuestra cultura por el resultado estético nos ciega ante lo más importante: el proceso real. Cuando vemos una transformación tan drástica, la mente colectiva busca la explicación más rápida y superficial: un fármaco de moda, una cirugía o una dieta de restricción extrema. Es más fácil asumir el uso de un atajo químico que comprender el cambio interno que experimenta una persona cuando decide, desde la raíz, demoler sus viejas autopistas mentales —lo cual, paradójicamente, también se traduce en un proceso químico interno—.
Cualquier cambio físico sostenible es, en realidad, un efecto secundario. No se trata del peso que se pierde, sino de la identidad que se abandona. Me explico: cuando alguien transforma su estructura corporal de forma tan profunda, lo que estamos viendo es la materialización de un nuevo autoconcepto. Esa persona tuvo que empezar a habitar su mente desde un lugar completamente distinto para que su cuerpo y sus hábitos la siguieran. Por ello, y repito la palabra, solo es sostenible si los cimientos que lo sostienen son fuertes. Y en esto me quiero enfocar.
Analiza cuáles son tus cimientos; dicho de otro modo, cuáles son tus motivos para adelgazar. De ahí surgirá la pregunta del para qué o el por qué quieres cambiar la forma de tu cuerpo. Dependiendo de la solidez de tus argumentos y de la fuerza de tus bases, el cambio se mantendrá en el tiempo o, tarde o temprano, caerá. En este análisis verás cuánto te importa realmente el proceso, aparecerá el grado de amor propio que te tienes y descubrirás quién estás siendo en este momento para saber si estás realmente dispuesto a abandonar tu antigua identidad. El cambio identitario siempre se verá reflejado en el físico.
Por ello, al menos, cuestiónate todos los videos, consejos o ideas de negocio que te prometen el «gran secreto» y que te envían por privado si comentas con una palabra clave. Cuestiona ese contenido que es un imán cuando buscamos inmediatez.
El primer paso es lograr tu propia paz interna en relación con tu cuerpo y conectar con su inteligencia, como si fuerais dos en uno: tu mente y tu cuerpo. Reconcilia tus partes hasta llegar a esa sensación de paz y, a partir de ahí, al escucharte a ti mismo, todo se irá moviendo. La forma de reconciliar es aceptar como es y expresar la incomodidad de tus sentimientos respecto a tu físico. No se puede cambiar lo que ves en el espejo, atacando al reflejo, hay que ir al proyector de ese reflejo y ahondar un poco más en la raíz.
¿Qué sientes cuando te ves? Siéntelo todo en su intensidad, expresa si nace con lágrimas o grita y libera tu voz. Que salga lo que tenga que salir, hasta llegar a esa aceptación. Tómate tu tiempo en ello y ve paso a paso hasta sentir esa paz interior, desde la que construir tu nuevo cuerpo desde la calma. Así se construye con cimientos resistentes a los ciclos que puedas transitar, ya que habrá días que cueste más redirigir las conductas. Huyamos de las soluciones mágicas y rápidas que no se pueden sostener en el tiempo y que acaban en frustración y desánimo. Las opciones aparecerán y sabrás elegir con total seguridad si es momento de reformar esa vieja carretera o seguir circulando por la autopista.


