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Vacaciones Reveladoras

13 de septiembre de 2026

Acabo de regresar de unos días de vacaciones por el sur. Este año el verano se hizo eterno, estirándose con pesadez dado el calor que hemos sufrido, casi 40 grados todos los días, hasta que, por fin, llegaron los días de descanso tan esperados. Llegué a la meta con un nivel de fatiga que ya no se podía ocultar. Así me despedí de mis compañeros de trabajo: admitiendo, con total honestidad, lo agotada que me sentía y lo bien que me iban a venir estas vacaciones y el viaje a Cádiz.

El trayecto de ida se complicó con retrasos imprevistos, se hizo muy pesado, transformando el viaje en una maratón de casi nueve horas. Cuando estábamos cerca de llegar sentí una dualidad extraña: el peso físico de los kilómetros pero también me compensaba la satisfacción mental de saber que, al fin, estaba llegando.

Hoy, ya de vuelta, puedo decir que he descansado. Sin embargo, el proceso tuvo una trampa que no me esperaba. Durante los primeros días, en lugar de sentir una inyección inmediata de energía, experimenté un cansancio profundo, un agotamiento total. Era como si el cuerpo, al verse por fin a salvo y relajado, abriera las compuertas para dejar salir todo lo que había ido acumulando durante meses en silencio, sin que yo fuera del todo consciente. Comprendí que el descanso no funciona como un interruptor mágico; es un proceso de descompresión profunda. Para llenarse de cosas nuevas, primero hay que vaciarse de todo lo que llevas dentro.

Te preguntarás qué fue lo que hice con ese cansancio que apareció sin ser invitado. Admito que al principio sentí algo de frustración —y ahí, sin darme cuenta, ya me estaba exigiendo de nuevo—. Me frustraba pensar que al fin tenía mis vacaciones y un viaje tan deseado, y sin embargo me sentía completamente agotada en los primeros días. Nos cuesta aceptar que el cuerpo tiene sus propios tiempos, no tiene agenda, ni conoce nuestros planes de ocio.

El verdadero cambio llegó en la playa. Recuerdo estar dentro del mar, con los pies hundidos en la arena, y notar cómo me iba relajando más y más. Sentía el cuerpo completamente rendido, pero mi mente, por fin, empezaba a avanzar a otro ritmo. Ya no había prisa, ni listas de tareas pendientes, ni esa urgencia constante por resolverlo todo y esa sensación se sentía extraña. En ese instante decidí poner la intención en escucharme y ser más consciente de cómo me iba sintiendo día a día. Dejé de luchar contra el cansancio y decidí, simplemente, habitarlo.

Disfruté de la playa, me bañé y anduve mucho cada día, visitando todo lo que quería ver y adonde quería ir. Me permití comer lo que me apeteció en cada momento, pero incluso en la mesa aprendí algo nuevo sobre mí: reconocí lo rápido que llega la saciedad a mi estómago cuando estoy tranquila. Me sorprendió lo pronto que me sentía satisfecha con lo que comía; comprendí que mi cuerpo no buscaba compensar nada con la comida, lo que realmente quería priorizar era el descanso y bajar revoluciones.

Es normal sentir un cansancio profundo al llegar a tu destino de vacaciones o al detener tu ritmo habitual. El cuerpo aprovecha ese parón para liberar energía estancada en los músculos a través de tensiones y contracturas. De hecho, tampoco es raro enfermar en vacaciones. Al bajar las revoluciones, el organismo aprovecha para resetearte de golpe, aunque sea en forma de gripe, un resfriado o unas anginas.

Leemos tanto sobre estrés o productividad y normalmente lo miramos desde una perspectiva lejana, creyendo que eso no nos toca a nosotros y que solo le ocurre a otras personas. Pero la realidad es otra. En mayor o menor medida, y dado el ritmo de vida que todos llevamos —marcado por la rapidez y la inmediatez en la que se busca conseguir efectos y resultados—, este asunto nos afecta a todos. Aprender a parar y permitirnos el espacio para vaciarnos no es un lujo, es una necesidad compartida. A veces puede costar mucho ir bajando revoluciones pero ser conscientes de cómo nos vamos sintiendo es un atajo clave y esencial. Por eso, aprender a parar, escuchar las señales genuinas de nuestro cuerpo y actuar respetando nuestro sentir no es un lujo: es la clave absoluta para ganar bienestar.

From → Reflexiones

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