Reconectando con mi ritmo, con mi ciclo menstrual
Nuestro ciclo menstrual es nuestro termómetro interno. Ya no solo de nuestro estado de salud física, sino también de cómo estamos emocionalmente y de qué momento vital estamos viviendo. Todas tenemos un ritmo y un ciclo que revela muchísima información de nuestro estado interno; alinearnos o reconectar con él conscientemente nos abre puertas y posibilidades para potenciar ese ritmo natural y dirigir esa energía vital a nuestro favor.
La relación con mi ciclo fue algo confusa desde el principio. Mi primera menstruación fue a los 15 años, fui la más «tardana» de mis amigas. Ya eso me hacía pensar que tal vez había algo raro en mi. Tras la primera menstruación, estuve muchos meses sin menstruar, llegando a más del año sin sangrar. Era un ciclo bastante irregular y con una ecografía diagnosticaron esos retrasos como ovarios poliquísticos.
A los 18 años me recetaron la píldora anticonceptiva como solución a esa irregularidad. Comencé a sangrar cada mes de forma controlada y automática sin cuestionarme nada acerca de ello. Parecía que así todo iba como debía ser y yo me sentía bien.
Durante casi 20 años continué así, controlando todo y planeando mi vida salvando siempre esos días de sangrado artificial. Mucho tiempo después supe que aquello ni siquiera era una menstruación real, sino un sangrado por deprivación provocado por las hormonas sintéticas.
Hasta que algo dentro de mí cambió. Sentía un deseo muy profundo de dejar de tomarla y probar si mi cuerpo, por primera vez en su vida, podría menstruar por sí solo. Quería descubrir mi ciclo, vivir las etapas del mismo. Sentir cómo era habitar cada fase, en lugar de sentir todo lineal, pues la píldora me tenía anestesiada y anulaba mi ciclo. Cuando consulté al doctor cómo hacer el tránsito de las hormonas sintéticas a no tomar nada, su respuesta fue simple y directa: «Déjalas».
Empecé a escuchar a otras mujeres que redescubrieron su ciclo y me interesé por la medicina natura, medicina tradicional china y el ayurveda. Estuve tiempo estudiando e informándome antes de dar el paso, busqué acompañamiento y decidí bajo recomendación de una profesional ayudar a mi cuerpo usando suplementos naturales: tomé vitex en gotas y shatavari durante unos meses. A día de hoy, sigo tomando con descansos, vitex, tintura madre en gotas.
A las pocas semanas de dejar la píldora, acudí a una revisión ginecológica de rutina. Mientras me examinaba, el ginecólogo me miró en una ecografía y me dijo algo que me sorprendió: «Estás ovulando». Salí de la consulta llena de emoción. En ese segundo se desmontaron todos los pilares y creencias que había construido en mi mente desde los 15 años. Mi cuerpo no estaba roto, no habia fallos. Estaba respondiendo de forma natural. Podía ovular por sí mismo, lo que significaba que también podría menstruar sin ayuda de nada. Todo estaba bien en mi, sentía mucho agradecimiento y decidí confiar.
Con algo de perceptiva y reflexionando, no podía creer que durante tanto tiempo, no me hubiera cuestionado el dejar de tomar la píldora, no fue un pensamiento en mi mente. Pensé que las necesitaba, de esta manera estaba regulada. Tampoco sufría síntomas de que me sentaran mal, salvo algún episodio de migrañas intensas que tampoco se daban en cada ciclo. Así iba pasando el tiempo y los años sin darme cuenta.
Al dejarlas y empezar a menstruar cada mes, no todo fue un camino lineal. Experimenté dudas de volver a la píldora, sobre todo los primeros meses al ver que se me caía bastante el pelo y que engordé unos kilos. Fue un momento de prueba, pero decidí confiar en mi cuerpo y en su ritmo. La caída del pelo se frenó unos ciclos después de dejarlas y el peso se reguló también (al final, sumar esos kilos me venía bien en ese momento).
En estos 4 años he ido reconectando con mi ciclo, aprendiendo de él y de mis ritmos naturales. Continúo en ello, pues es un proceso que no acaba aquí. Observando como está mi mundo interno y que vivencias experimento en mi día a día, veo una clara correspondencia. Más allá de la ciencia (un ciclo de unos 29 días coincide de forma natural con el ciclo lunar), emocionalmente habitar esta «Luna Roja» ha sido un renacer. Es una energía que ya no se esconde, sino que se vuelca hacia el exterior, hacia la creatividad, la expresión de mi verdadero yo y mis propios proyectos.
Miranda Gray define en su libro ‘Luna Roja’ como el ciclo de la Hechicera. En el camino del autoconocimiento, esto significa que transito mis fases de una forma muy única: mientras el ciclo tradicional invita al retiro silencioso, a mí la luna llena me empuja a la luz bajo una energía de catarsis, creatividad salvaje y manifestación de mis verdades. He aprendido a habitar cada arquetipo de mis fases no para complacer al exterior, sino para dirigir mi energía vital a mi favor.
Creo firmemente que descubrí todo esto en el momento perfecto para mí. No importa si fue antes o más tarde; el camino recorrido me llevó exactamente al lugar donde necesitaba estar. Pasar del control absoluto de una pastilla a la sintonía salvaje de mi propia naturaleza es uno de los actos de amor propio más grandes de mi vida.
Si alguna vez te hicieron sentir que tu cuerpo no funciona, recuerda que tu naturaleza es sabia, que te habla a través de tus ritmos y que siempre puedes volver a casa. Creo y siento que habitar tu ciclo, adentrarse y bucear en tu océano interno, es vivir más conscientemente, de una manera más plena y que es precioso vivir el proceso de conocerte.
Te animo a descubrir más de ti a través de tu ciclo menstrual.




